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5 DE NOVIEMBRE | DÍA NACIONAL DE LA AVIACIÓN CIVIL

En este día quisiera compartir una editorial personal, no solamente desde la experiencia
profesional en la actividad aeronáutica, sino también desde una convicción: la aviación civil
debe ocupar un lugar mucho más importante en la concepción estratégica, económica y
territorial de nuestro país.

El 5 de noviembre no es una fecha elegida al azar. Conmemoramos el nacimiento de
Aarón Félix Martín de Anchorena, ocurrido en Buenos Aires un 05 de noviembre de 1877.
Un hombre que, junto a Jorge Newbery, protagonizó una de las páginas fundacionales de
nuestra historia aeronáutica cuando, el 25 de diciembre de 1907, ambos cruzaron el Río de la
Plata a bordo del globo Pampero.

Aquella travesía fue mucho más que una experiencia aerostática. Representó la materialización
de una idea que, para aquella época, parecía extraordinaria: que el espacio aéreo podía
convertirse en un nuevo territorio de posibilidades para la sociedad, la economía y la
integración de las naciones.

Un año después, en 1908, Anchorena participaría de la fundación del Aero Club Argentino, una
institución que sentaría las bases del desarrollo aeronáutico organizado en nuestro país.
Es interesante detenerse en aquella historia porque los pioneros no solamente tenían la
inquietud de volar. Tenían una visión de futuro. Comprendían que estaban frente a una
transformación tecnológica capaz de modificar la manera en que las personas se relacionaban,
se desplazaban y concebían las distancias.

Más de un siglo después, creo que tenemos la obligación de recuperar esa capacidad de
pensar en grande.

Argentina necesita dejar viejas antinomias y prejuicios, un cambio de paradigma, de mirar la
aviación exclusivamente desde la perspectiva de los vuelos, las compañías aéreas o la
infraestructura aeroportuaria. Necesitamos comprenderla como un sistema económico y estratégico mucho más
amplio.

La aviación civil es transporte, pero también es logística, comercio exterior, industria, turismo,
producción, servicios profesionales, conectividad sanitaria, desarrollo regional, tecnología y
generación de empleo calificado.

Y aquí aparece una cuestión que considero central: la conectividad aérea no debería ser
interpretada como un privilegio de los grandes centros urbanos ni como un servicio reservado a
los mercados de mayor densidad de pasajeros.

En un país con la extensión territorial, la diversidad productiva y las particularidades
geográficas de Argentina, la aviación debe ser pensada como una herramienta de integración
federal.

No podemos hablar seriamente de desarrollo territorial si no somos capaces de pensar qué
papel cumplen nuestros aeropuertos en las economías regionales, cómo conectamos nuestras
ciudades intermedias, qué oportunidades ofrecemos a las comunidades alejadas de los
grandes centros de distribución y de qué manera incorporamos la infraestructura aeronáutica a
una verdadera política nacional de transporte.

Tampoco podemos seguir pensando el transporte aéreo exclusivamente en términos de
pasajeros.

El componente logístico merece una discusión mucho más profunda. La carga aérea, la
integración con los puertos, el transporte ferroviario y carretero, los centros de distribución, las
cadenas de frío, los productos farmacéuticos, los bienes de alto valor agregado y las
exportaciones que necesitan velocidad y previsibilidad forman parte de una misma
conversación.

La competitividad de un país no se mide solamente por cuánto produce, sino también por su
capacidad de conectar esa producción con los mercados.
En ese sentido, me parece que todavía tenemos muchísimo por desarrollar en materia de
logística aeronáutica, infraestructura de carga, servicios especializados, conectividad regional y
articulación multimodal.

Un aeropuerto o aeródromo no debería ser considerado únicamente una terminal de
pasajeros. Puede convertirse en un verdadero nodo de actividad económica, un centro de
servicios, una plataforma logística y un factor de atracción de inversiones para toda su área de
influencia.

Para lograrlo necesitamos planificación, visión de largo plazo, reglas claras, previsibilidad
regulatoria, infraestructura adecuada y una articulación inteligente entre el sector público y el
privado.

También considero que debemos abandonar ciertas discusiones demasiado simplificadas sobre
el futuro de nuestra aviación. No se trata de elegir entre Estado o mercado, entre empresas
públicas o privadas, entre grandes operadores o pequeños prestadores. Se trata de
comprender qué necesita cada segmento para desarrollarse, qué responsabilidades
corresponden a cada actor y qué condiciones debe garantizar el país para que la actividad sea
segura, competitiva y sostenible.

El Estado tiene responsabilidades indelegables en materia de regulación, seguridad
operacional, planificación de infraestructura, ordenamiento del sistema y conectividad territorial.

El sector privado, por su parte, tiene un papel fundamental en la inversión, la innovación, la
prestación de servicios, la generación de empleo y el desarrollo de nuevos mercados.
La discusión debería estar centrada en cómo hacemos que todas esas capacidades
trabajen en una misma dirección.

Necesitamos más aviación, pero también necesitamos mejor aviación. Más conectividad, pero
con sustentabilidad económica. Más competencia, pero con condiciones transparentes. Más
infraestructura, pero acompañada de planificación. Más operadores y prestadores de servicios,
pero también más profesionalización, formación y conocimiento.

Y hay un aspecto que no quisiera dejar afuera: el enorme capital humano que tiene
nuestra industria.

A veces hablamos de aviación y pensamos inmediatamente en aeronaves de mediano y gran
porte, pistas, hangares y terminales comerciales. Sin embargo, detrás de cada operación existe
una estructura de profesionales, técnicos, despachantes, tripulaciones, controladores, personal
de mantenimiento, especialistas en seguridad operacional, agentes de handling, coordinadores,
operadores logísticos y tantos otros trabajadores que hacen posible que el sistema funcione.
Esa cadena de valor merece reconocimiento, desarrollo y oportunidades. No hay industria
aeronáutica sólida sin personas capacitadas, instituciones comprometidas y empresas que
comprendan que el conocimiento es uno de sus principales activos.

Después de algunos años transitando diferentes ámbitos de la actividad aeronáutica, también
aprendí que no podemos construir un ecosistema aeronáutico si cada uno trabaja mirando
exclusivamente su propio segmento. No sé trata de compartimentos estancos, sino de un
ecosistema.

Necesitamos más diálogo institucional, cooperación empresarial, intercambio de experiencias y
una visión que trascienda las fronteras de cada organización.

La aviación es, por naturaleza, una actividad altamente internacionalista en su legislación
como en su operación. Nuestros mercados, nuestras operaciones y nuestros desafíos no
terminan en las fronteras nacionales. Por eso también necesitamos pensar nuestra posición
regional, fortalecer los vínculos con los países vecinos y comprender que Argentina tiene
condiciones para desempeñar un papel mucho más relevante en la conectividad y los servicios
aeronáuticos de Sudamérica.

En Aerowise activamente participamos de esa realidad desde una perspectiva internacional,
aportando servicios, conocimiento, tecnología y capacidad de respuesta a una industria que
demanda cada vez mayores niveles de profesionalismo. Y creo que esa responsabilidad
también implica comprender que nuestro trabajo forma parte de una cadena de valor mucho
más grande que cualquier empresa individual.

Personalmente, me gustaría que algún día pudiéramos mirar hacia atrás y reconocer que
fuimos capaces de transformar muchas de las oportunidades que hoy tenemos en una política
aeronáutica verdaderamente integral.

Que nuestros aeropuertos sean motores de desarrollo y no solamente instalaciones operativas.
Que la carga aérea tenga un lugar relevante en nuestra estrategia exportadora. Que la aviación
general y ejecutiva sean comprendidas por su aporte económico y territorial. Que las
economías regionales encuentren en la conectividad una ventaja competitiva. Que nuestros
profesionales puedan desarrollarse en una industria con perspectivas de crecimiento. Y que la
Argentina vuelva a ocupar un lugar de referencia en materia de innovación, servicios y
desarrollo aeronáutico regional.

No alcanza con administrar lo que tenemos. Tenemos que ser capaces de imaginar y
construir lo que todavía no existe.

Cuando recordamos a Anchorena, Newbery y a tantos pioneros, no estamos homenajeando
únicamente a quienes se animaron a volar cuando hacerlo representaba un desafío
extraordinario. Estamos recordando a quienes tuvieron la capacidad de anticipar una
transformación y trabajar para hacerla posible.

Quizás ese sea el mayor desafío de nuestra generación: dejar de conformarnos con ser
espectadores de la evolución de la industria y asumir el compromiso de ser protagonistas de su
desarrollo.

Porque la aviación civil no es un asunto menor, ni un sector periférico de la economía. Es una
herramienta de soberanía, integración, competitividad y desarrollo nacional.
Un país que no planifica su transporte difícilmente pueda planificar su desarrollo. Y un país que
no comprende el valor estratégico de su aviación está renunciando a una parte importante de
sus propias posibilidades.

Que este 5 de noviembre nos encuentre honrando nuestra historia, reconociendo a quienes
hacen posible la aviación todos los días y, sobre todo, pensando seriamente en la industria que
queremos.

 

 

 

 

 

Alan Gabriel Nanni Coitiño 

Aerowise

 

Feliz Día Nacional de la Aviación Civil a todos los que la hacen posible.